Galletas Glaseadas





Esta es la última receta dulce de Navidad, las hormigas ya han comenzado a trepar por mis pies, por lo que con esta me despido haciendo un guiño a mis recuerdos infantiles en el hemisferio sur donde la navidad se viste de flores.

INGREDIENTES
GALLETAS
3 tazas de harina
1 taza de mantequilla
1 taza de azúcar
1 huevo grande
2 cucharaditas de vainilla líquida
GLASE
4 tazas de azúcar en polvo
6 cucharadas de leche
6 cucharadas de glucosa o jarabe de maíz
1 cucharadita de extracto de vainilla

PREPARACIÓN
Bate la mantequilla y el azúcar a punto de pomada, agrega el huevo y la vainilla, incorpora la harina cernida, poco a poco hasta conseguir amalgamar completamente la masa.


Divídela en 2 partes y amásala entre dos papeles de horno para finalmente conseguir el grosor deseado, aproximadamente 4 milímetros, reserva en la nevera 30 minutos.

Corta las galletas y deposítalas en la bandeja del horno, si quieres colgarlas en el árbol de navidad, corta unos trocitos de un palillo brocheta y deposítalo en cada una de las galletas en el lugar desde donde quieres colgar la galleta.

Hornéalas en horno pre-calentado a 180º entre 10 a 12 minutos o hasta que los bordes estén dorados.

Para el glasé, mezcla todos los ingredientes con un tenedor, divide la preparación y colorea cada uno de ellos a tu gusto, el color de decoración base debe ser de un poco menos densa que la decoración que va encima, esta última debe tener la densidad de la pasta de dientes.

Decora con el color base, el menos denso, vuelca con una cuchara la cantidad suficiente para cubrir la galleta, con la base de la cuchara comienza a expandir el glaseado por la galleta, esto será más fácil si la galleta es redonda.

Si quieres que la decoración se mimetice con el color base, decora inmediatamente con el segundo color, de lo contrario, espera 5 minutos, esto hará que la decoración del segundo color quede en relieve.

Para hacer la decoración de flores y corazones no puedes esperar, debes dibujarlas inmediátamente.

Déjalas secar durante toda la noche, el glaseado sin clara de huevo demora un poco más en secar.








Este tipo de glasé otorga a las galletas una textura mucho más delicada que el que lleva clara de huevo, lo hace más agradable al paladar

Cola de Mono; Receta de Don Juan.


Todas las veces que he intentado comenzar este post me he quedado en blanco, así es que pensé que lo más adecuado sería comenzarlo describiendo las sensaciones que me invaden ahora que redacto esta querida receta y también contándoles por qué me sucede esto.

Si mi padre viviera seguramente no publicaría esta preparación, pues era suya y él la resguardaba como un gran tesoro.

Ahora que me pertenece por derecho adquirido os la entrego con mucho cariño a modo de homenaje a ese hombre con un carácter lleno de contrastes.

A él pertenecía desde que tengo uso de razón la responsabilidad de mezclar, cual alquimista, aquel ancestral brebaje. Con los años y con la perseverancia de permanecer siempre a su lado observando cómo conseguía, lo que a mi juicio era el sabor ideal, me gané el puesto de ayudante y con el transcurso de los años fue delegando en mi gran parte de aquella preparación.

Y aunque yo me llevara todo el trabajo de lavar y secar envases, hervir el agua, cocer las especias, generar la base de café y enfriarla debidamente, agregar la leche condensada..., mi padre se convertía en el autentico artífice de conseguir el sabor "ideal" de este típico licor chileno, aunque solo participara en el final de la receta, agregándole su toque secreto.

Tanta confianza tenía yo en su paladar que jamás, mientras Don Juan vivió, osé siquiera hacer esta preparación sin su aceptación final, y así, aun cuando mi padre se trasladó a vivir a la costa a más de 100 km. de Santiago donde yo vivía, cada año nos intercambiábamos a modo de aprobación una botella de este exquisito licor con el cual ambos nos deleitábamos en la distancia sintiéndo que algo del otro había quedado plasmado en esa deliciosa bebida.

En Chile, cuando estas fechas se acercan, se respira en el ambiente un aire de festividad muy conectado con los sentidos, a aromas dulces de especias en las calles, a primavera, a juguetes nuevos secuestrados en divanes con 7 llaves y a pólvora quemada. Todo ello son el marco de un entorno que añoro con mucha melancolía.

También extraño algunas de sus entrañables tradiciones, como son el felicitar las navidades y el año nuevo, visitando las casas de los más allegados y compartiendo un trocito de pan de pascua y un vasito de cola de mono bien helada. (estos links son del maravilloso blog de mi querida Angélica Bertini, una de las chilenas más chilenas que he conocido en estas andanzas blogueriles)
A raíz de esta tradición mis hermanas y yo sufríamos la burla de mis padres, ya que cada vez que golpeaban a la puerta corríamos a escondernos, pues los niños del barrio pasaban no una, sino dos y tres veces a saludar. En ese entonces, según mi madre, el objetivo era lograr lo que en todo un año no habían podido conseguir, es decir, besar y abrazar a alguna de nosotras. A mi haber, y con tan solo 8 años, ya tenía un par de lesionados graves que habían intentado robarme un beso o tomarme la mano mientras jugábamos.

Con el tiempo comprendí que esas asiduas visitas de mis vecinitos no eran motivadas por las tres escuálidas y hurañas niñas, sino que se debían a aquella bebida dulzona y algo pasada de alcohol que mi padre reservaba sólo para aquellos precoces aspirantes a yernos con los que Don Juan se divertía un buen rato viéndolos perder la compostura dos veces al año.

INGREDIENTES 3 litros aprox.

3 Litros de agua
Corteza de medio limón
Corteza de media naranja
12 clavos de olor
1 ramita de canela
2 cucharadas de vainilla
70 gr. de café soluble aprox.
1/8 nuez moscada rallada
700 cc. de agua ardiente (referencia)
1200 cc. de leche condensada. (referencia)
PREPARACIÓN

Hierve el agua junto a la canela, la nuez moscada, las cortezas del limón y la naranja pinchadas con los clavos de olor.

Cuécelos hasta que el agua se tiña de amarillo, por lo menos 1 hora.

Vierte el café y revuelve hasta que se disuelva completamente, reserva hasta que esté frío, si quieres puedes dejarlo en la nevera toda la noche.

Pasa el café por un colador bien fino, vierte en él dos cucharadas de vainilla líquida, mezcla bien.
Agrega la leche condensada revolviendo hasta que se mezcle con el café, ve probando lo dulce que quieres que quede, una vez hayas alcanzado el dulzor deseado agrega el agua ardiente, con el que también puedes agregar sólo la cantidad que creas necesaria, revuelve bien, envasa en botellas debidamente esterilizadas y conserva en la nevera.

La leche condensada le aporta a esta preparación la suavidad y espesura que no se logra con leche líquida, además evita que el ponche se corte, alargándole la vida considerablemente a la preparación. La calidad del agua ardiente también es importantísima ya que el gusto a madera no debe predominar por sobre el de las especias.

Este centenario ponche puedes servirlo bien frío como licor de sobremesa o bien acompañando galletas o dulces de navidad en reemplazo del café.


La bebida de Montt

Cada fin de año hace su entrada triunfal en los hogares chilenos. Preparado en casa o embotellado de fábrica, la Cola de Mono es uno de los elementos más propios y tradicionales de la celebración de nuestra nórdica y anglosajona navidad. Las versiones de su origen lo ligan a la figura del Presidente Pedro Montt.

Don Manuel Antonio Román, en su Diccionario de Chilenismos y otras voces y locuciones viciosas, atribuye al ponche en leche el nombre de Cola de Mono, por su color café oscuro.

Algunos informes señalan que este preparado se envasaba y se vendía en botellas de Anís del Mono, provenientes de España, muy populares en América, y cuya etiqueta mostraba a un mono con su larga cola. Sin embargo, la mayoría de las versiones ligan su nombre y su origen a la figura de Pedro Montt, a quien sus íntimos llamaban "el mono Montt".

Según Torres Vergara, en una ocasión en que Montt, siendo Presidente de Chile, disfrutaba junto a sus amigos de una velada en casa de doña Filomena Cortés y sus cuatro hijas, habría pedido que le entregaran su revólver Colt para retirarse, como llovía torrencialmente, y nadie quería que el presidente se fuera, argumentaron no encontrar el revólver y lo convencieron de continuar la fiesta pero se habían acabado los vinos y licores, por lo que agregaron aguardiente y azúcar a una jarra de café con leche.

La bebida, que tuvo gran éxito, fue bautizada como Colt de Montt (haciendo alusión al asunto del revólver). El nombre de la Colt de Montt, habiéndose popularizado, habría degenerado en "col e mon" , "colemono" y, finalmente, "Cola de mono".

Otros lo atribuyen a una anécdota ocurrida durante la campaña presidencial de 1901, cuando Montt fue derrotado por Germán Riesco, cuyos seguidores habrían ido a celebrar su victoria y la "cola de Montt" a una heladería en la calle San Pablo.

El dueño del local habría servido su especialidad, consistente en agregar aguardiente a los helados de café con leche ya derretidos. La denominación de la bebida, bautizada en la ocasión como "Cola de Montt", habria degenerado, gracias a la picardía popular, en "Cola de Mono".

Don Eugenio Pereira Salas, en "Apuntes para la historia de la cocina chilena", da por inventora del Cola de Mono a doña Juana Flores, que hasta hace pocos años mantuvo su venta en San Diego. Otros aseguran que lo creó su marido, quien se molestaba cuando lo llamaban Cola de Mono y no "Colemono", como él lo habría bautizado.
Fuente : http://www.nuestro.cl/notas/rescate/colamono_origen.htm

Galletas de Mantequilla Con Pistola




Por estas fechas a los que nos gusta cocinar nos recorre una obsesión por hacer cosas dulces, ¿por qué será?...
Algunos pensarán, "es el frío..." yo no creo que sea eso, nací y me crié en un lugar donde Navidad se vive en pleno verano y aun así siempre tenía tiempo para hornear unas deliciosas galletas... debe ser otra la razón, pero lo cierto es que es tiempo de Navidad y no puede faltar en casa un delicioso frasco de galletas.
En esta oportunidad les dejo unas muy fáciles de hacer, más aun si tienen en casa una "inofensiva pistola" repostera y si no la tienen pueden usar simplemente una manga pastelera y darles la forma que ustedes deseen.
INGREDIENTES (4 docenas aprox.)
Pistola de repostería o manga de pastelera con boquilla
1/2 kilo de harina de repostería
300 gr. de mantequilla
200 gr. de azúcar
Cerezas en almíbar o marrasquinos (yo usé de dos tipos)
1 cucharadita de ralladura de limón
1 cucharadita de levadura de repostería (polvos de hornear)
1 huevo
2 cucharadas de leche líquida

PREPARACIÓN
Bate la mantequilla a punto de crema junto con el azúcar, añade el huevo, la ralladura de limón y la leche, continúa batiendo hasta que esté todo bien amalgamado.

Agrega poco a poco la harina tamizada junto a la levadura y continúa batiendo hasta obtener una pasta homogenea.

Elige la boquilla que más te guste y luego rellena la pistola con la pasta, forma las galletas sobre un silpat en la bandeja del horno, si usas papel de horno procura sujetarlo con una mano ya que esta pasta tiende a quedarse pegada y debes gatillar con un movimiento firme a fin que se despeguen de la pistola y se queden adheridas a la superficie del papel.
Si no tienes pistola, forma con la manga pequeños buñuelos del tamaño de una nuez separados por un espacio generoso a fin de que no se peguen entre si.

Decora las galletas con cerezas partidas por la mitad (procura escurrirlas bien antes de usarlas, ojalá en una hoja de papel de cocina) y hornéalas en horno pre-calentado a 165º hasta que las orillas estén ligeramente doradas, a mi me gustan bien doraditas, quedan más crujientes.

Prueba estas galletas acompañadas de un rico té, son realmente exquisitas, deliciosamente suaves y delicadamente aromáticas.

Tostada Aromática de Aguacate y Gamba


En el post anterior queda claro que el concepto de "afrodisiaco" no es más que el sinónimo de destreza culinaria a la hora de decidir el menú de una cena inolvidable. Es saber elegir los alimentos que combinan mejor con la persona, el lugar y la hora del encuentro entre una pareja que obviamente comparte el amor o una profunda atracción.

No intentemos jamás planificar una cena opípara ni tampoco agotadora para el o la anfitriona, más bien recurramos a platos que podamos preparar con antelación, simples, frescos y no demasiado copiosos.

Dejemos un largo tiempo de relajación para nosotr@s antes del encuentro, así nuestra mente y nuestro cuerpo estará preparado para disfrutar enteramente de ese momento tan esperado.

INGREDIENTES

1 Aguacate (palta) maduro pero firme.
1 cebolleta pequeña
1 barra de pan de gallego (corteza gruesa)
o pan de cereales si se quiere potenciar la receta.
1 Diente de ajo
1 manojito de perejil
1 lima
1 vasito de aceite de oliva
75 gr. de carpaccio de bacalao ahumado
6 tomatitos cherry de distinto color
250 gr. de gambas peladas y desvenadas (langostinos o camarones)
Huevas de salmón
Pepino para decorar.
Sal y pimienta

PREPARACIÓN
Pela el diente de ajo y quítale el germen, muélelo junto al perejil en el vaso batidor y emulsiona con el aceite, vertiéndolo poco a poco, agrega una pizca de sal y reserva.

Corta el pan en diagonal en rebanadas de un cm. de ancho, pinceléa una de sus caras con la mezcla de ajo y perejil, introduce en el horno pre-calentado a 180º hasta que estén doradas, reserva.

Pela el aguacate y córtalo en cuadritos, agrega las lonchas de bacalao cortadas en tiritas y la cebolleta cortada muy finamente en brunoise (1 cucharada aprox.), agrega 3 gotitas de lima, mezcla sin moler, salpimenta y reserva.

Corta los tomatitos cherry y el pepino en abanico, reserva.

Haz un corte superficial en sentido longitudinal de la colita de la gamba, de este modo cuando cocine el corte provocará que este se abra y presente una mayor superficie para posarlo en la tostada.

Vierte un chorro generoso de aceite de oliva en una sartén y saltea a fuego vivo las gambas por 1 minuto.

Unta las tostadas generosamente con el aguacate dejando una superficie irregular, decora con las huevas de salmón, los tomates, el pepino y finalmente deposita en el centro la gamba.


Las principales modificaciones que le hice a este montadito son las que le aportan aroma; el ajo, el perejil y el ahumado hacen de este, un sugerente bocado lleno de atractivas notas de color, sabor y diferentes texturas y contrastes.


Fuente: Gran Libro de Recetas Afrodisiacas con modificaciones
 

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